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Mitos de la alimentación infantil

La tecnología hoy en día nos permite tener acceso a mucha información, es cosa de poner en un buscador de internet “alimentación infantil” y ver la cantidad de paginas y blogs que hablan del tema. Lamentablemente encontramos de todo, incluyendo información poco científica y que lleva a los papás y mamás incluso a confundirse más sobre algo tan importante: la salud y alimentación de nuestros hijos.

Por eso decidimos aclarar algunos de los mitos más comunes que encontramos, pone atención:

Mito Nº 1: Es obligación de los padres o cuidadores que los niños se coman toda la comida

El deber de los adultos es ofrecer al niño una alimentación variada y que cubra sus necesidades diariamente, pero el niño es quien debe decidir las cantidades que come.

Para esto es fundamental que se respeten los horarios de comida: desayuno, colacion, almuerzo, once y cena sin entregar snack fuera de horario. De esta manera el niño llegará a su comida con la necesidad de ingerir los alimentos.

Si el niño o niña deja comida en el plato no debemos enojarnos (no es algo personal, siempre recuerda eso!) simplemente debemos explicarles que en su siguiente horario de comida recibirá sus alimentos y no antes. Aquí lo importante es que cumplamos lo que decimos y que DEMOS EL EJEMPLO.

Es muy importante acudir a todos los controles programados con Pediatra, es en esta instancia donde se evalúa el peso y canal de crecimiento, de esta manera podemos asegurar que nuestros hijos están creciendo sanamente.

Mito Nº 2: Es necesario suplementar con vitaminas y minerales a todos los niños y niñas.

Actualmente está de moda que si un niño no come se le suplementa con una leche, y esto es un profundo error.

El comer de manera sana además de entregar nutrientes en la etapa infantil forma hábitos, lo que no se consiguen con esos preparados que sólo deberían utilizarse en caso de que presenten alguna enfermedad y/o su médico lo indique.

Si niños y niñas consumen de todo tipo de alimentos (legumbres, carnes rojas y blancas, pescados, frutas y verduras, lácteos, aceite de oliva o canola, huevo, etc) no es necesario el suplemento de vitaminas y minerales a menos que el Pediatra o médico tratante lo indique.

Mito Nº 3: Si mi hijo no se come el almuerzo, a la once hay que entregarle el mismo plato de comida.

Aquí es cuando se utiliza la comida casi como un castigo, y enseñamos entonces que esos alimentos los recibe por una mala conducta… NUNCA debemos hacer esto, recuerda que lo que pretendemos es enseñar hábitos.

Distinto es que si preparaste por ejemplo legumbres para el almuerzo y cena lo repitas en la noche, pero de todas maneras si vimos que a nuestros hijos no le gustaron podemos hacer pequeñas modificaciones como licuarlas o utilizar crutones de pan integral para mejorar su sabor y aspecto. Nuestros hijos valoran estas pequeñas cosas.

Nº 4: “No importa que mi hijo sea gordito, está sanito y después se va a pegar el estirón”

En promedio las mujeres están teniendo hijos sobre los 30 años, y esto es clave, ya que si nos remontamos a 1975 – 1985 lo que preocupaba en esos años era que los niños tenian desnutrición, por lo que fuimos criadas por muchas de nuestras mamas que lo que hacían era casi ponernos en engorda.

Entonces, tampoco podemos extrañarnos que todavía muchas mujeres al ver a sus hijos con exceso de peso ni siquiera se logren percatar de esto, y los encuentren muy sanitos; mal que mal fuimos criadas con esta mentalidad.

La verdad es que durante la infancia se forman los adipocitos, que son pequeños “saquitos” donde se guarda la grasa, por lo que si el niño o niña después crece y “se pega el estirón” su cuerpo siempre tendrá la tendencia a llenar estos saquitos y usualmente el problema llega en la edad adulta cuando el metabolismo empieza a disminuir.

Espero que les haya servido, recuerden que si tienen dudas o sugerencias de algunos temas que les interesen pueden escribirnos en el sitio web de Smiley Kids, estaré atenta a sus comentarios.

Rocío Suárez Eytel

Nutricionista

Magíster en Alimentación y Nutrición (c) Universidad de Barcelona

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